El renacer de un viñedo histórico y de la excelencia de una tradición vinícola, que permanece intacta, supusieron los cimientos de la bodega Abadía Retuerta. Ahora, con más de 30 años de historia, donde manos expertas guían el viñedo, velan por su cuidado y elaboran vinos únicos y asientan las bases de este proyecto
Una tradición vinícola le precede. Unas tierras bañadas por el Duero excelentes para el cultivo de la vid, con una visión de futuro y un pacto entre la naturaleza, el cuidado y el tiempo hasta hoy nuestros días.
Historiadores constatan que la vid es un cultivo que procede del Próximo Oriente. Su introducción en la Península se atribuye a los romanos, quienes extendieron la vid por el norte peninsular, llegando a las tierras del Duero y, por ende, a las tierras de Abadía Retuerta en los inicios de la era cristiana…
Los cristianos, en el siglo XII, fundaron sus Monasterios y el enclave del Duero, tal y como hoy lo conocemos. Los monjes persistieron en el cultivo del viñedo y, poco a poco, además de extraer lo mejor de aquellas tierras, fueron dominando la elaboración del vino. Gracias a la capacidad de transfiguración y la propia obstinación de la viña por asentarse, nuestro bien más preciado, el vino, continuó siendo uno de los mejores productos de la tierra.
Durante el siglo XI de la era cristiana y coincidiendo con el declive del poder de los ejércitos musulmanes, culmina un ciclo histórico en las tierras cercanas al río Duero. Las tierras de Valladolid regadas por éste, vuelven a ser pobladas. Una repoblación efectuada por el Conde D. Sancho García trae consigo la fundación de tres monasterios en la comarca: Nuestra Señora de la Armedilla, Nuestra Señora Santa María de Valbuena y Nuestra Señora Santa María de Retuerta. Este último y en el que hoy nos encontramos fue fundado en 1146 con un importante donativo en terras et vineas. Este testimonio de la donación de tierras y viñas lo dan las escrituras en piedra de la iglesia del monasterio.
La construcción de un monasterio exigía ya de por sí un estudio previo de su asentamiento, para comprobar que las tierras y posesiones que eran cedidas permitían su propia subsistencia. Ciertos escritos constatan, pasados los primeros años de fundación del convento, la importancia del cultivo de viñas. Uno de ellos, datado en 1504, manifiesta que en el pueblo de Quintanilla, cuyo término abarcaba en aquel entonces las tierras de Abadía Retuerta, tenía 400 vecinos que cogían 80.000 cántaros de vino blanco (1.280.000 lts) y que las viñas que plantaron posteriormente lo fueron de vino tinto.
Hasta el siglo XVII no se cuantifican nuevos hechos que describan la evolución de los cultivos y la calidad y cantidad de los vinos procedentes del monasterio. Pero en este siglo XVII documentos referentes a tierras colindantes con el monasterio dejan entrever el papel predominante que desempeñaron los vinos elaborados por los monjes y la fama que alcanzó entre los premostratenses. Según estos se servían 7.821 cántaros de vino al monasterio de Valladolid (125.000 lts) y así lo evidencian documentos de ese siglo que indican que los vinos de Retuerta, vendidos directamente por los monjes, dominaban el mercado de Valladolid, entonces la mayor ciudad castellana.
Los documentos encontrados sitúan a estas tierras como una explotación antiquísima y con gran arraigo y tradición en el cultivo de la vid, alrededor de la Abadía Santa María de Retuerta. Una abadía fundada en 1146 por Doña Mayor, cuarta hija del Conde D. Pedro Ansúrez, fundador de Valladolid.
La estructura agraria característica de España desde tiempos feudales sufrió en el siglo XIX uno de sus más grandes cambios tras la desamortización de Mendizábal que puso las propiedades de la iglesia en manos de la burguesía.
En esta época y después de la desamortización, se inició el declive de la explotación de la finca de Santa María de Retuerta, en lo que a producción de vino se refiere. Por un lado, la aparición de la filoxera a principios del siglo XIX; de otro lado, se iban cambiando las prioridades en las explotaciones agrícolas. Fue en 1953 cuando se primaba el arranque del viñedo, provocando que los campesinos se pasasen al cereal, un cultivo mucho más protegido en aquella época.
A partir de los años 60 en Abadía Retuerta, ya en manos privadas, se reduce aún más la producción de vino y es arrancada una buena parte del viñedo para dedicarse a la producción de semillas selectas. El proceso terminó a principios de los años 80, cuando se arrancaron las últimas cepas.
Fue en 1988 cuando la compañía Sandoz compró una empresa española de semillas, que era titular de la finca Abadía Retuerta y observando el enorme y particular potencial que estas tierras ofrecían, la empresa decidió «renacer» este viñedo histórico y recuperar la tradición vinícola. En 1994 llega al proyecto el vigneron Pascal Delbeck (Château Ausone, Belair), quien proyectó la actual bodega y cuya construcción se produjo en 1996. Es en ese mismo año cuando se incorporó al equipo el actual enólogo y director de Viñedo y Bodega, Ángel Anocíbar.
Abadía Retuerta tiene su propia Denominación de Origen Protegida, una distinción que le ha sido concedida por la Comisión Europea. La obtención de este reconocimiento está ligado a la tradición vinícola que precede a la bodega, con más de VIII siglos de historia, al trabajo realizado por el equipo de viñedo y bodega, por recuperar un viñedo histórico mediante la puesta en marcha de prácticas ecológicas, y a su extenso conocimiento acerca del clima. Una filosofía de trabajo que ha favorecido la gestión sostenible de la viña y el saber anteponerse a los efectos del cambio climático.
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